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INTRODUCCION A LA GNOSIS

 

NAVEGACION

 

En el Vestibulo del Santuario. Educacion y Progreso Material

El hombre en la ciudad se ha convertido en idolatra del “Becerro de Oro”, o sea del dinero, que es hechura del mismo hombre. Por medio del dinero todo se clasifica y justifica, y en resumen, viene a ser la próxima aspiración en la actual civilización.

Tanto el hombre que perdió su juventud adquiriendo conocimientos por medio del estudio intelectivo como el que nada ha estudiado, llegan a esa misma aspiración: “el dinero”. Tanto para el que mucho tiene como para el que nada tiene, el dinero es la panacea para todos los males, es en lo único que están de acuerdo los que saben y los que nada saben, los que tienen y los que nada tienen.

Cuando el gran iniciado Moisés subió entre truenos, rayos, relámpagos y tempestades al monte Sinaí para conquistar la Tablas de la Ley; no tuvo temor de las dificultades en medio de las cuales se debatió para adquirir los diez mandamientos de la ley de Dios, que son las leyes del código de la Naturaleza. Todo su inmenso sacrificio se estrello cuando, bajado de la montaña, encontró al pueblo de Dios adorando al becerro de oro, a ese mismo dinero que hoy ha embriagado totalmente a la especie humana, y lleno de profundo dolor e indignación rompió las Tablas de la Ley, es decir, el conocimiento adquirido por él con tanto sacrificio, no pudo llegar a manos del hombre porque el hombre estaba adorando a las cosas de su propia hechura.

Hoy ha llegado al máximo esa idolatría, y el hombre tendrá que saber por su propia experiencia cual será el resultado de haberse roto contra sus costumbres e idolatría de falsos ídolos: las leyes del código de la Naturaleza.

En lo material todo ha progresado, en el campo de lo moral el hombre se ha hecho un perfecto artista y el campo espiritual lo recuerda como una posible promesa. La palabra misterio ha servido de rotulo maravilloso para clasificar lo que le hombre impreparado no alcanza a comprender.

El hombre en sí, no ha progresado, más bien se ha hecho inútil, si al hombre civilizado se le quitan los elementos de que se vale para ser poderoso, daría lastima su aspecto. Le parece que en la comodidad esta su felicidad  con afán la busca y la consigue, pero después de que la obtiene la desbarata caprichosamente, y esto lo hace hasta en el campo mismo de sus sentimientos íntimos. Así vemos que afanoso busca su amor, lo consigue, forma un hogar cariñoso y respetado.

Cuidadoso, y a través de mucho tiempo, va formando el calor de su hogar, y el día menos pensado el mismo se encarga de desbaratarlo, como si no sintiera dolor por la obra que él mismo ha realizado, y si esto hace con su propia obra, con su propio dolor. ¿Qué no será capaz de hacer con el dolor ajeno? Se ha hecho poderoso para el mal y trata de justificarlo recurriendo a la historia, para confirmar que así ha sido el hombre en todo tiempo y que la historia se repite.

Maravillosa forma de justificar la perversidad y así sigue preparándose para destruirse; sin embargo, el hombre cree sinceramente que está buscando el bien y la perfección. Puede que sus intenciones sean ciertas pero va otro camino en su búsqueda de la porque le ha puesto más atención a las cosas de su propia hechura que a las que hace el eterno Dios viviente.

La educación en general es netamente material aun cuando s la asista con sentimientos piadosos y sabor religioso, porque la educación actual no logra transformar el ser, lo capacita, pero sigue acompañado de todos sus vicios y rencores: el malo y el perverso no dejan de serlo por el hecho de que tengan mucha instrucción. Para que la educación logre cultivar al ser, es decir, transformar sus malas cualidades en buenas, es indispensable conocer a fondo las leyes de la naturaleza y la posición del hombre frente a ellas.

La cultura que actualmente se le brinda a los pueblos solo sirve para hacerlos aptos para el consumo de los elementos que produce el becerro de oro.

El progreso material tiene intima relación con los problemas económicos. El progreso material se traduce en mayor comodidad, y la mayor comodidad requiere mayor inversión de dinero para la vida cuotidiana. Por una parte, todo el mundo desea y exige mayor comodidad, una completa facilidad para todo, y por otra, el mismo hombre se queja del costo de la vida. No se puede invitar al placer sin que asista su hermano gemelo, el dolor, y por otra parte, el hecho real es que así como una familia se grava notoriamente cuando adquiere comodidades para su hogar, así también los hijos de una ciudad quedan de inmediato fuertemente gravados en lo económico cuando la ciudad les brinda mayores comodidades y facilidades, es decir, aumenta de inmediato el costo de la vida.

Una ciudad que pavimenta sus calles tiene que salir el costo de esa pavimentación del dinero de todos los que habitan y de los que transitoriamente la visitan, porque de inmediato la valorización que recibe el edificio, requiere aumento del arrendamiento, y esto implica aumento de las mercancías que se adquieren en dicho edificio.

La comodidad es la que ha hecho al hombre cobarde, por ello le tiene miedo a la vida, a la muerte, al mañana, al que dirán. El hombre valeroso evade la comodidad porque no tiene miedo.

De ahora en adelante la humanidad recibirá mucho dolor, y hay que recibirlo con resignación porque es el medio de que se vale la madre naturaleza para hacer que sus hijos vuelvan a ella. El dolor vendrá a ser el yunque con que se fragüe la nueva humanidad. Las razas que han llegado a gozar de mayor comodidad jamás han sido las de mayor durabilidad como agremiaciones humanas: esas desaparecen y de ellas solo quedan los vestigios de su grandeza y opulencia.

Lo único que puede acabar con el becerro de oro es el dolor, porque el dolor fue el camino que nos mostro el Cristo para redimirnos.