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INTRODUCCION A LA GNOSIS

 

NAVEGACION

 

En el Vestibulo del Santuario. Mejorar la Produccion.

No puede negarse que el hombre ha mejorado notoriamente las especies de que se sirve y alimenta, porque les ha puesto mucha atención: el agricultor sabe que con la selección de la semilla obtiene el mejor grano, lo mismo que el avicultor, el agrónomo, el ganadero y en fin los que hacen producir la tierra y sus especies.

Los mismos gobiernos en forma eficaz han contribuido para esa realidad; lo único que no ha merecido la atención del hombre es su misma producción. Hoy en día después de tantos adelantos y estudios para mejorar las razas de los animales, frutos y simientes de la tierra, nada de hace para mejorar la producción humana.

Hay que enseñar al hombre a mejorar su producción: para entrar a este terreno hay que adentrarse en el conocimiento del mismo hombre, que lo compone no solamente su cuerpo físico sino su alma y su espíritu.
La ciencia contemporánea ha mal enseñado al hombre, que el acto sexual, o la unión de un hombre con una mujer es un hecho biológico, semejante a los que cumple el cuerpo de la mujer por su calidad misma de mujer, dando a entender con esto que es una función que solamente es biológica llegando hasta el orgasmo, sin darse cuenta los científicos que la increción hormonal de las gónadas también es función biológica, y que la magia sexual es un proceso de la increción hormonal intensificado: desde el punto de vista puramente biológico.

Así que nosotros no violamos la Ley Biológica. La ciencia material olvido por completo el precepto Bíblico, que en su sexto mandamiento dice al hombre NO FORNICAR,  allí no dice con quien se le autoriza fornicar, sino secamente NO FORNICAR,  es decir, que el hombre no debe emplear su simiente sino única y exclusivamente para crear o sea para dejar descendencia… a pesar del visto bueno que las distintas creencias y sociedades dan a las uniones que no cumplen con la Ley de Dios…

No recuerda el hombre que su simiente está sujeta a las mismas reglas para reproducirse los demás seres vivientes. Con repugnancia vemos al hombre que, sumido en la peor ignorancia, usa su simiente sin seleccionarla, por medio de cualidades y condiciones internas, poniendo su cuerpo en las mejores condiciones y sobre todo, saber que va a cumplir el acto más santo mediante el cual él es un Dios creador, y en las peores condiciones con las más bajas pasiones se presenta ante la mujer, sin respeto y sin amor, para hacer todo lo contrario de lo que ordena el sexto mandamiento de la Ley de Dios: NO FORNICAR.

En estado de beodez exalta sus más bajos sentimientos y por ultimo como quien va al mercado, da su paga para así sellar al acto vergonzoso como fiel idolatra del Becerro de Oro.

Con razón estos hijos de la pasión los llaman sus propias madres, cuando se refieren al nuevo ser que está gestando: un “descuido” que en aquella unión jamás tuvieron la intención de crear. La Biblia en el Apocalipsis llama a la humanidad, la gran ramera.


¿Qué puede nacer de esa unión que se verifica contraviniendo una ley natural?
¿Qué puede esperar el género humano de sus producción humana?
¿Cuál vendrá a ser la calidad de vida moral de esta nueva simiente que lleva en potencia  el germen de los motivos mismos que le dieron existencia?
¿Qué educador podrá cambiar las bases mismas que generaron a este nuevo ser?

La educación allí tendrá que ser de una transformación total del ser, y para transformar al ser hay que conocer al ser.

La educación externa lo podrá hacer apto para ganarse la vida y capacitarlo en el campo intelectivo para convivir en sociedad, pero en el campo de la cultura y la decencia, ni le interesa la cultura ni quiere la decencia.

Esta mala simiente que inconscientemente para sus genitores se convirtió en un nuevo ser viviente, viene mas tarde a causar espanto a la sociedad de la cual procede. Aquí prácticamente la sociedad viene a ser víctima de su propio invento.